
No hay nada que perder,
porque ya está todo perdido.
Arriesgué demasiado,
para luego entender
lo nunca entendido;
y concluyó:
El querer y no ser querido,
esa fue la cuestión.
Mentiras que se creían a sí mismas,
mentiras que se merecieron mi desprecio.
Fíjate si lo amo,
que volví a coger el teléfono
por última vez
y llamé,
llamé desesperadamente,
para luego darme cuenta
que entre sus palabras
solo había cobardía…
Pues,
cobardía y amor no son compatibles.
E ahí la prueba del querer y no ser querido…
Esa es la cuestión,
con respuesta encadenada
eternamente a mi perdición
y quién sabe si él está perdido también…
E ahí el final fatal de esta historia
Una historia que pareció no poder tener un final.

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